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Cuidar el corazón también es prevenir enfermedades no transmisibles

Cuidar el corazón también es prevenir enfermedades no transmisibles

Las enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y algunos tipos de cáncer, representan una de las principales amenazas para la salud a nivel mundial. En el caso del corazón, muchos de los factores que aumentan el riesgo están relacionados con hábitos que podemos modificar: la falta de actividad física, el consumo de tabaco, una alimentación poco saludable, el exceso de alcohol y algunos factores como la hipertensión, el colesterol elevado o la diabetes. Esto no significa que todas las enfermedades del corazón puedan prevenirse, pero sí que cuidar nuestra salud a lo largo de la vida puede reducir significativamente el riesgo. De hecho, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo.

La actividad física es clave

Y en esta prevención, el movimiento tiene un papel fundamental. Hacer actividad física de manera regular ayuda al corazón a trabajar de forma más eficiente, contribuye a controlar la presión arterial, mejora la salud metabólica y disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2. La Organización Mundial de la Salud señala que las personas que no realizan suficiente actividad física tienen entre un 20 % y un 30 % más riesgo de morir que aquellas que son suficientemente activas. Además, una revisión que analizó datos de más de 3,4 millones de personas encontró que pasar de ser inactivo a alcanzar las recomendaciones habituales de actividad física se asociaba con una reducción del 23 % en el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

¿Cuándo y cuánto moverse?

Pero hay algo todavía más importante: no hay una edad “correcta” para empezar a moverse. Si una persona nunca ha hecho ejercicio o lleva años con una vida sedentaria, comenzar poco a poco también puede aportar beneficios. Caminar, bailar, montar bicicleta, nadar, practicar un deporte o incluso aumentar el movimiento durante las actividades cotidianas cuenta como actividad física. Para los adultos, la recomendación general es alcanzar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, aunque incluso hacer menos es mejor que no hacer nada. En las personas mayores, mantenerse activo también ayuda a conservar la movilidad, la independencia y la salud cardiovascular.

Cambios de hábitos a largo plazo

Por supuesto, cuidar el corazón no depende únicamente del ejercicio. Una alimentación equilibrada, no fumar, mantener una presión arterial saludable, controlar la glucosa y el colesterol, dormir adecuadamente y evitar el consumo excesivo de alcohol también forman parte de una estrategia de prevención. Y estos hábitos no tienen que comenzar todos al mismo tiempo. Pequeños cambios sostenidos pueden convertirse en grandes aliados para la salud a largo plazo. La actividad física, por ejemplo, no tiene que limitarse a entrenamientos deportivos: caminar para trasladarse, usar las escaleras, realizar tareas domésticas o dedicar unos minutos al día a moverse también suma.

Prevenir la enfermedad con una vida saludable

Cuidar el corazón, entonces, no debería ser una tarea que comienza cuando aparece una enfermedad. Es un proceso que puede acompañarnos durante toda la vida. No importa si tenemos 20, 40, 60 o más años: siempre existe una oportunidad para incorporar más movimiento y hábitos que favorezcan nuestra salud. La evidencia es clara: algo de actividad es mejor que nada y mantenernos activos de manera regular puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades no transmisibles. Empezar hoy no significa buscar cambios extremos; significa darle al corazón más oportunidades de seguir haciendo su trabajo durante muchos años.

Fuentes científicas y de referencia

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